El mercado minero global volvió a estremecerse luego de que se conociera que Glencore y Rio Tinto mantienen conversaciones preliminares para una eventual fusión que podría dar origen a la mayor compañía minera del mundo. Según informó Bloomberg, ambas firmas suman un valor de mercado combinado de US$207 mil millones, lo que convertiría la operación en una de las más relevantes de la historia del sector. El posible acuerdo se inscribe en una tendencia de consolidación que ha marcado a la gran minería en los últimos años. En septiembre de 2025, Anglo American y Teck concretaron una de las fusiones más grandes del período reciente, mientras que BHP intentó en reiteradas ocasiones adquirir Anglo American, iniciativa que finalmente fue descartada a fines del año pasado. Rio Tinto cuenta con operaciones en 35 países y una presencia estratégica en Chile. Es accionista de Escondida, la mina de cobre más productiva del mundo, y ha firmado acuerdos clave con Codelco y Enami. Entre ellos destacan el desarrollo del distrito minero Nuevo Cobre, un proyecto de litio en el Salar de Maricunga y su selección como socio en el proyecto Salares Altoandinos. Glencore, en tanto, opera en más de 30 países y comercializa más de 60 materias primas. En Chile posee el 44% de Collahuasi, en conjunto con Anglo American, y es propietaria de la Compañía Minera Lomas Bayas y del Complejo Metalúrgico Altonorte. De acuerdo con un reporte citado por Bloomberg, una de las alternativas analizadas sería que Rio Tinto adquiera la totalidad de las acciones de Glencore, aunque no existe certeza de que las conversaciones lleguen a un acuerdo definitivo. Cabe recordar que ambas compañías ya exploraron una fusión en 2024, sin éxito. El eventual megadeal surge además en un contexto de precios históricos del cobre, que superó los US$13 mil la tonelada en la Bolsa de Metales de Londres. El mercado anticipa un déficit de oferta hacia 2026, sumado a mayores inventarios en Estados Unidos ante la amenaza de aranceles y a una demanda creciente impulsada por la electrificación y los centros de datos para inteligencia artificial.
El principal producto de exportación de Chile volvió a marcar un hito histórico. El precio del cobre superó por primera vez la barrera de los US$6 por libra, tras anotar un alza diaria de 2,99% y cerrar en US$6,01, extendiendo una seguidilla de récords que consolidan un escenario excepcional para el metal rojo al inicio de 2026. Con este resultado, el promedio mensual y anual de lo que va del año se sitúa en torno a los US$5,85 por libra, niveles inéditos que reflejan un cambio estructural en el mercado. Según explicó Carlos Smith, docente investigador del CIES-UDD, el repunte responde principalmente a factores estructurales más que coyunturales. “El mercado está descontando que Estados Unidos podría imponer un arancel al cobre refinado, lo que ha generado una demanda adelantada significativa y una acumulación de inventarios en ese país, en un contexto de oferta relativamente estable y con interrupciones puntuales”, señaló, mencionando episodios como Mantoverde. En la misma línea, Li Xuezhi, jefe de investigación de Chaos Ternary Futures, advirtió a Bloomberg que los inventarios dejaron de cumplir su rol histórico de amortiguador. “Ahora están atrapados en Estados Unidos. El amortiguador desapareció y todos tendrán que salir corriendo”, afirmó, dando cuenta de la presión adicional sobre los precios. ¿Qué pasa ahora que el cobre ya superó los US$6 la libra?* El cobre ya cruzó un umbral histórico: por primera vez, el principal producto de exportación de Chile superó los US$6 la libra, confirmando un escenario que hasta hace pocos meses parecía solo una proyección optimista. Este nuevo nivel de precios reconfigura el panorama económico del país y abre un debate clave sobre sus efectos de mediano y largo plazo. Las señales que anticipaban este escenario ya estaban sobre la mesa. Bank of America había elevado sus proyecciones hasta US$5,13/lb en 2026 y US$6,12/lb en 2027, apuntando a una oferta global ajustada y una demanda estructuralmente robusta vinculada a la transición energética. En contraste, organismos como COCHILCO mantenían una visión más cauta, con precios en torno a US$4,25 para 2025-2026. El mercado, sin embargo, terminó inclinándose por el escenario más alcista. Inversión minera y aceleración de proyectos Con el cobre ya sobre los US$6, se activa con fuerza la cartera minera hacia 2030, que contempla más de 53 proyectos y una inversión estimada en US$73.655 millones. Muchos de ellos podrían pasar rápidamente desde la etapa de planificación a ejecución. Iniciativas como Los Bronces Integrado y el acuerdo entre Codelco y Anglo American para operar conjuntamente Andina–Los Bronces, con potencial de sumar 2,7 millones de toneladas adicionales en 21 años, adquieren ahora mayor viabilidad económica. Recaudación fiscal y manejo de la bonanza Un cobre en estos niveles implica un fuerte aumento de los ingresos fiscales, tanto por impuestos como por royalty minero. El desafío no estará solo en recaudar más, sino en administrar responsablemente estos excedentes, fortaleciendo fondos de estabilización, reduciendo déficits estructurales y evitando un gasto procíclico que amplifique futuras caídas del precio. Tipo de cambio y riesgos macroeconómicos El alza del cobre ya está presionando a la baja el dólar, apreciando el peso chileno. Esto ayuda a contener la inflación importada, pero también tensiona a sectores exportadores no mineros, reeditando el riesgo de la llamada “enfermedad holandesa”. Un boom mal gestionado puede debilitar la diversificación productiva. Desafíos estructurales El escenario no está exento de riesgos: retrasos regulatorios, conflictos socioambientales, aumento de costos energéticos e hídricos, y una eventual desaceleración global podrían moderar el impacto del superciclo. Además, la capacidad del país para absorber rápidamente grandes inversiones sin generar cuellos de botella será clave. Con el cobre ya sobre los US$6 la libra, Chile enfrenta una oportunidad histórica. El verdadero desafío no es celebrar el récord, sino transformar esta renta excepcional en desarrollo sostenible, fortaleciendo instituciones, diversificando la economía y preparando al país para el día en que el ciclo vuelva a girar. Ese será el test económico y político de la próxima década. *Extraída de columna de Fred Camus, académico de Ingeniería en Minas U.Central sede Región de Coquimbo.
La minería chilena se encamina a una nueva década marcada por un fuerte ciclo de inversiones, impulsado por los altos precios del cobre y el auge del litio a nivel global. Según un análisis publicado por Diario Financiero, Codelco, BHP y el Grupo Luksic concentrarán cerca del 50% del total de la inversión minera proyectada para los próximos diez años en el país. En conjunto, estas tres grandes compañías representan aproximadamente la mitad de los US$100 mil millones que se estiman para un nuevo súper ciclo minero, escenario favorecido por valores récord del cobre y el sostenido incremento en la cotización del litio. Este volumen de inversión confirma el rol estratégico de Chile como uno de los principales polos mineros del mundo y refuerza la relevancia del sector en el crecimiento económico del país durante la próxima década. De acuerdo con el reporte de Diario Financiero, Codelco lidera la cartera de proyectos, con iniciativas clave orientadas a asegurar la continuidad operacional de sus divisiones históricas y avanzar en expansiones estructurales. Entre ellas destacan Chuquicamata Subterránea, la continuidad de Gabriela Mistral, la expansión de El Teniente y los proyectos estructurales en Andina y Radomiro Tomic, con inversiones que se desplegarán progresivamente hasta 2030. Por su parte, BHP concentra esfuerzos en la optimización y expansión de Minera Escondida, además de proyectos asociados a la extensión de vida útil y mejoras operacionales, consolidando su presencia como uno de los mayores productores de cobre del mundo. Estas iniciativas consideran miles de millones de dólares en inversión y buscan responder a la creciente demanda global por minerales críticos para la transición energética. En tanto, el Grupo Luksic, a través de Antofagasta Minerals, mantiene una ambiciosa cartera que incluye el desarrollo de Nueva Centinela, la expansión de Los Pelambres y mejoras operacionales en sus principales faenas. Estos proyectos no solo apuntan a incrementar la producción, sino también a fortalecer estándares de sustentabilidad y eficiencia energética. El análisis también subraya que el período 2026-2030 será especialmente intenso en términos de ejecución de megaproyectos, coincidiendo con el inicio del nuevo gobierno y con un contexto internacional favorable para los minerales estratégicos. En ese marco, la minería vuelve a posicionarse como uno de los principales motores de inversión, empleo y recaudación fiscal para Chile. Con este panorama, expertos coinciden en que el desafío estará en asegurar certezas regulatorias, disponibilidad de infraestructura, energía y agua, además de capital humano especializado, para que este ciclo de inversiones se traduzca en desarrollo sostenible y beneficios de largo plazo para el país y, en particular, para las regiones mineras del norte. Distribución Regional y Sectorial Antofagasta: Continúa liderando la inversión con US$ 40.209 millones (aprox. 38% del total nacional), enfocados en expansión y continuidad operacional. Tarapacá: Es la segunda región con mayor inversión proyectada (US$ 14.470 millones), impulsada por proyectos de desalinización y modernización. Minerales Críticos: Además del cobre, la inversión en litio y otros minerales críticos está creciendo para abastecer la demanda global de energía limpia y tecnología.
El Banco Central de Chile informó este martes que el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de noviembre de 2025 registró un crecimiento de 1,2% en comparación con igual mes del año anterior, cifra que se ubicó por debajo de las expectativas del mercado, que proyectaban una expansión cercana al 2%. En términos desestacionalizados, la actividad económica mostró una contracción de 0,6% respecto de octubre, mientras que en doce meses el indicador avanzó 1,2%. Con este resultado, y considerando que noviembre tuvo la misma cantidad de días hábiles que en 2024, la economía chilena acumula una expansión de 2,3% en los once primeros meses de 2025. Este desempeño vuelve cuesta arriba el cumplimiento de la meta del Ministerio de Hacienda, que había estimado cerrar el año con un crecimiento de 2,5%. Para alcanzar dicho objetivo, la economía debería haber anotado una expansión de 3,8% en diciembre, escenario que hoy se observa poco probable. Al analizar los componentes del indicador, el Imacec no minero registró un crecimiento anual de 1,7%, confirmando que el impulso provino principalmente de los sectores vinculados a la demanda interna. No obstante, este componente también retrocedió 0,5% en términos mensuales desestacionalizados, aunque mantuvo un aumento de 1,6% en doce meses. Minería La producción de bienes fue el principal factor negativo del mes, con una caída anual de 1,3%. Este resultado estuvo incidido por una menor producción minera, explicada por una baja en la extracción de cobre, y por un descenso en el resto de los bienes, asociado a una menor generación eléctrica. La industria, en tanto, mostró una variación marginal de 0,3%, producto de una mayor refinación de combustibles que fue compensada por una caída en la elaboración de bebidas. En cifras ajustadas por estacionalidad, la producción de bienes disminuyó 0,7% mensual. En contraste, el comercio destacó como el sector de mejor desempeño, con un crecimiento anual de 5,5% y aportes positivos en todos sus segmentos. Sobresalieron las ventas de vehículos en el comercio automotor, el dinamismo de las grandes tiendas, el comercio especializado de vestuario y las plataformas online, además del mayorista de maquinaria, equipos y alimentos. En términos desestacionalizados, el comercio avanzó 0,3% mensual. Los servicios también contribuyeron al crecimiento interanual del Imacec, con un alza de 1,9%, impulsada principalmente por los servicios personales, en especial los de salud. Sin embargo, al ajustar por estacionalidad, el sector retrocedió 0,6% respecto del mes previo, afectado por los servicios empresariales y el transporte. El Banco Central recordó que el Imacec es una estimación que resume la actividad económica mensual y constituye una aproximación temprana a la evolución del Producto Interno Bruto (PIB) del país.
La Región de Antofagasta registró una tasa de desocupación de 6,6% durante el trimestre septiembre–noviembre de 2025, consolidándose como la región minera con menor desempleo del país, de acuerdo con el último informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La cifra representa una baja de 2,4 puntos porcentuales en doce meses y contrasta con el escenario nacional, donde el desempleo alcanzó un 8,4%, con un aumento interanual de 0,2 pp. En comparación con otras regiones del norte, Arica y Parinacota anotó una tasa de 6,9%; Tarapacá, 8,2%; Atacama, 9,1%; y Coquimbo, 7,5%, posicionando a Antofagasta como el territorio con mejor desempeño laboral dentro de las zonas mineras. El descenso regional del desempleo se explica por un mayor crecimiento de las personas ocupadas, que aumentaron un 3,7%, cifra superior al alza de la fuerza de trabajo (1,0%). En paralelo, las personas desocupadas disminuyeron en un 25,5% respecto del mismo periodo del año anterior. Las tasas de participación y ocupación alcanzaron 66,3% y 61,9%, respectivamente, mostrando incrementos interanuales. En cuanto a género, la tasa de desocupación femenina se situó en 7,7%, con una baja de 2,1 pp., mientras que en los hombres fue de 5,9%, registrando una disminución de 2,5 pp. Los sectores que más contribuyeron al aumento del empleo fueron enseñanza, transporte y minería, mientras que por categoría ocupacional destacaron los asalariados formales e informales. Además, la tasa de ocupación informal se ubicó en 19,2%, reduciéndose 1,7 pp. en un año, lo que refleja una mejora en la calidad del empleo regional. Pese a estos resultados positivos, la tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial llegó a 14,9%, evidenciando brechas de género que siguen siendo un desafío para el mercado laboral regional.
El mercado minero global volvió a estremecerse luego de que se conociera que Glencore y Rio Tinto mantienen conversaciones preliminares para una eventual fusión que podría dar origen a la mayor compañía minera del mundo. Según informó Bloomberg, ambas firmas suman un valor de mercado combinado de US$207 mil millones, lo que convertiría la operación en una de las más relevantes de la historia del sector. El posible acuerdo se inscribe en una tendencia de consolidación que ha marcado a la gran minería en los últimos años. En septiembre de 2025, Anglo American y Teck concretaron una de las fusiones más grandes del período reciente, mientras que BHP intentó en reiteradas ocasiones adquirir Anglo American, iniciativa que finalmente fue descartada a fines del año pasado. Rio Tinto cuenta con operaciones en 35 países y una presencia estratégica en Chile. Es accionista de Escondida, la mina de cobre más productiva del mundo, y ha firmado acuerdos clave con Codelco y Enami. Entre ellos destacan el desarrollo del distrito minero Nuevo Cobre, un proyecto de litio en el Salar de Maricunga y su selección como socio en el proyecto Salares Altoandinos. Glencore, en tanto, opera en más de 30 países y comercializa más de 60 materias primas. En Chile posee el 44% de Collahuasi, en conjunto con Anglo American, y es propietaria de la Compañía Minera Lomas Bayas y del Complejo Metalúrgico Altonorte. De acuerdo con un reporte citado por Bloomberg, una de las alternativas analizadas sería que Rio Tinto adquiera la totalidad de las acciones de Glencore, aunque no existe certeza de que las conversaciones lleguen a un acuerdo definitivo. Cabe recordar que ambas compañías ya exploraron una fusión en 2024, sin éxito. El eventual megadeal surge además en un contexto de precios históricos del cobre, que superó los US$13 mil la tonelada en la Bolsa de Metales de Londres. El mercado anticipa un déficit de oferta hacia 2026, sumado a mayores inventarios en Estados Unidos ante la amenaza de aranceles y a una demanda creciente impulsada por la electrificación y los centros de datos para inteligencia artificial.
El principal producto de exportación de Chile volvió a marcar un hito histórico. El precio del cobre superó por primera vez la barrera de los US$6 por libra, tras anotar un alza diaria de 2,99% y cerrar en US$6,01, extendiendo una seguidilla de récords que consolidan un escenario excepcional para el metal rojo al inicio de 2026. Con este resultado, el promedio mensual y anual de lo que va del año se sitúa en torno a los US$5,85 por libra, niveles inéditos que reflejan un cambio estructural en el mercado. Según explicó Carlos Smith, docente investigador del CIES-UDD, el repunte responde principalmente a factores estructurales más que coyunturales. “El mercado está descontando que Estados Unidos podría imponer un arancel al cobre refinado, lo que ha generado una demanda adelantada significativa y una acumulación de inventarios en ese país, en un contexto de oferta relativamente estable y con interrupciones puntuales”, señaló, mencionando episodios como Mantoverde. En la misma línea, Li Xuezhi, jefe de investigación de Chaos Ternary Futures, advirtió a Bloomberg que los inventarios dejaron de cumplir su rol histórico de amortiguador. “Ahora están atrapados en Estados Unidos. El amortiguador desapareció y todos tendrán que salir corriendo”, afirmó, dando cuenta de la presión adicional sobre los precios. ¿Qué pasa ahora que el cobre ya superó los US$6 la libra?* El cobre ya cruzó un umbral histórico: por primera vez, el principal producto de exportación de Chile superó los US$6 la libra, confirmando un escenario que hasta hace pocos meses parecía solo una proyección optimista. Este nuevo nivel de precios reconfigura el panorama económico del país y abre un debate clave sobre sus efectos de mediano y largo plazo. Las señales que anticipaban este escenario ya estaban sobre la mesa. Bank of America había elevado sus proyecciones hasta US$5,13/lb en 2026 y US$6,12/lb en 2027, apuntando a una oferta global ajustada y una demanda estructuralmente robusta vinculada a la transición energética. En contraste, organismos como COCHILCO mantenían una visión más cauta, con precios en torno a US$4,25 para 2025-2026. El mercado, sin embargo, terminó inclinándose por el escenario más alcista. Inversión minera y aceleración de proyectos Con el cobre ya sobre los US$6, se activa con fuerza la cartera minera hacia 2030, que contempla más de 53 proyectos y una inversión estimada en US$73.655 millones. Muchos de ellos podrían pasar rápidamente desde la etapa de planificación a ejecución. Iniciativas como Los Bronces Integrado y el acuerdo entre Codelco y Anglo American para operar conjuntamente Andina–Los Bronces, con potencial de sumar 2,7 millones de toneladas adicionales en 21 años, adquieren ahora mayor viabilidad económica. Recaudación fiscal y manejo de la bonanza Un cobre en estos niveles implica un fuerte aumento de los ingresos fiscales, tanto por impuestos como por royalty minero. El desafío no estará solo en recaudar más, sino en administrar responsablemente estos excedentes, fortaleciendo fondos de estabilización, reduciendo déficits estructurales y evitando un gasto procíclico que amplifique futuras caídas del precio. Tipo de cambio y riesgos macroeconómicos El alza del cobre ya está presionando a la baja el dólar, apreciando el peso chileno. Esto ayuda a contener la inflación importada, pero también tensiona a sectores exportadores no mineros, reeditando el riesgo de la llamada “enfermedad holandesa”. Un boom mal gestionado puede debilitar la diversificación productiva. Desafíos estructurales El escenario no está exento de riesgos: retrasos regulatorios, conflictos socioambientales, aumento de costos energéticos e hídricos, y una eventual desaceleración global podrían moderar el impacto del superciclo. Además, la capacidad del país para absorber rápidamente grandes inversiones sin generar cuellos de botella será clave. Con el cobre ya sobre los US$6 la libra, Chile enfrenta una oportunidad histórica. El verdadero desafío no es celebrar el récord, sino transformar esta renta excepcional en desarrollo sostenible, fortaleciendo instituciones, diversificando la economía y preparando al país para el día en que el ciclo vuelva a girar. Ese será el test económico y político de la próxima década. *Extraída de columna de Fred Camus, académico de Ingeniería en Minas U.Central sede Región de Coquimbo.
La minería chilena se encamina a una nueva década marcada por un fuerte ciclo de inversiones, impulsado por los altos precios del cobre y el auge del litio a nivel global. Según un análisis publicado por Diario Financiero, Codelco, BHP y el Grupo Luksic concentrarán cerca del 50% del total de la inversión minera proyectada para los próximos diez años en el país. En conjunto, estas tres grandes compañías representan aproximadamente la mitad de los US$100 mil millones que se estiman para un nuevo súper ciclo minero, escenario favorecido por valores récord del cobre y el sostenido incremento en la cotización del litio. Este volumen de inversión confirma el rol estratégico de Chile como uno de los principales polos mineros del mundo y refuerza la relevancia del sector en el crecimiento económico del país durante la próxima década. De acuerdo con el reporte de Diario Financiero, Codelco lidera la cartera de proyectos, con iniciativas clave orientadas a asegurar la continuidad operacional de sus divisiones históricas y avanzar en expansiones estructurales. Entre ellas destacan Chuquicamata Subterránea, la continuidad de Gabriela Mistral, la expansión de El Teniente y los proyectos estructurales en Andina y Radomiro Tomic, con inversiones que se desplegarán progresivamente hasta 2030. Por su parte, BHP concentra esfuerzos en la optimización y expansión de Minera Escondida, además de proyectos asociados a la extensión de vida útil y mejoras operacionales, consolidando su presencia como uno de los mayores productores de cobre del mundo. Estas iniciativas consideran miles de millones de dólares en inversión y buscan responder a la creciente demanda global por minerales críticos para la transición energética. En tanto, el Grupo Luksic, a través de Antofagasta Minerals, mantiene una ambiciosa cartera que incluye el desarrollo de Nueva Centinela, la expansión de Los Pelambres y mejoras operacionales en sus principales faenas. Estos proyectos no solo apuntan a incrementar la producción, sino también a fortalecer estándares de sustentabilidad y eficiencia energética. El análisis también subraya que el período 2026-2030 será especialmente intenso en términos de ejecución de megaproyectos, coincidiendo con el inicio del nuevo gobierno y con un contexto internacional favorable para los minerales estratégicos. En ese marco, la minería vuelve a posicionarse como uno de los principales motores de inversión, empleo y recaudación fiscal para Chile. Con este panorama, expertos coinciden en que el desafío estará en asegurar certezas regulatorias, disponibilidad de infraestructura, energía y agua, además de capital humano especializado, para que este ciclo de inversiones se traduzca en desarrollo sostenible y beneficios de largo plazo para el país y, en particular, para las regiones mineras del norte. Distribución Regional y Sectorial Antofagasta: Continúa liderando la inversión con US$ 40.209 millones (aprox. 38% del total nacional), enfocados en expansión y continuidad operacional. Tarapacá: Es la segunda región con mayor inversión proyectada (US$ 14.470 millones), impulsada por proyectos de desalinización y modernización. Minerales Críticos: Además del cobre, la inversión en litio y otros minerales críticos está creciendo para abastecer la demanda global de energía limpia y tecnología.
El Banco Central de Chile informó este martes que el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec) de noviembre de 2025 registró un crecimiento de 1,2% en comparación con igual mes del año anterior, cifra que se ubicó por debajo de las expectativas del mercado, que proyectaban una expansión cercana al 2%. En términos desestacionalizados, la actividad económica mostró una contracción de 0,6% respecto de octubre, mientras que en doce meses el indicador avanzó 1,2%. Con este resultado, y considerando que noviembre tuvo la misma cantidad de días hábiles que en 2024, la economía chilena acumula una expansión de 2,3% en los once primeros meses de 2025. Este desempeño vuelve cuesta arriba el cumplimiento de la meta del Ministerio de Hacienda, que había estimado cerrar el año con un crecimiento de 2,5%. Para alcanzar dicho objetivo, la economía debería haber anotado una expansión de 3,8% en diciembre, escenario que hoy se observa poco probable. Al analizar los componentes del indicador, el Imacec no minero registró un crecimiento anual de 1,7%, confirmando que el impulso provino principalmente de los sectores vinculados a la demanda interna. No obstante, este componente también retrocedió 0,5% en términos mensuales desestacionalizados, aunque mantuvo un aumento de 1,6% en doce meses. Minería La producción de bienes fue el principal factor negativo del mes, con una caída anual de 1,3%. Este resultado estuvo incidido por una menor producción minera, explicada por una baja en la extracción de cobre, y por un descenso en el resto de los bienes, asociado a una menor generación eléctrica. La industria, en tanto, mostró una variación marginal de 0,3%, producto de una mayor refinación de combustibles que fue compensada por una caída en la elaboración de bebidas. En cifras ajustadas por estacionalidad, la producción de bienes disminuyó 0,7% mensual. En contraste, el comercio destacó como el sector de mejor desempeño, con un crecimiento anual de 5,5% y aportes positivos en todos sus segmentos. Sobresalieron las ventas de vehículos en el comercio automotor, el dinamismo de las grandes tiendas, el comercio especializado de vestuario y las plataformas online, además del mayorista de maquinaria, equipos y alimentos. En términos desestacionalizados, el comercio avanzó 0,3% mensual. Los servicios también contribuyeron al crecimiento interanual del Imacec, con un alza de 1,9%, impulsada principalmente por los servicios personales, en especial los de salud. Sin embargo, al ajustar por estacionalidad, el sector retrocedió 0,6% respecto del mes previo, afectado por los servicios empresariales y el transporte. El Banco Central recordó que el Imacec es una estimación que resume la actividad económica mensual y constituye una aproximación temprana a la evolución del Producto Interno Bruto (PIB) del país.
La Región de Antofagasta registró una tasa de desocupación de 6,6% durante el trimestre septiembre–noviembre de 2025, consolidándose como la región minera con menor desempleo del país, de acuerdo con el último informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). La cifra representa una baja de 2,4 puntos porcentuales en doce meses y contrasta con el escenario nacional, donde el desempleo alcanzó un 8,4%, con un aumento interanual de 0,2 pp. En comparación con otras regiones del norte, Arica y Parinacota anotó una tasa de 6,9%; Tarapacá, 8,2%; Atacama, 9,1%; y Coquimbo, 7,5%, posicionando a Antofagasta como el territorio con mejor desempeño laboral dentro de las zonas mineras. El descenso regional del desempleo se explica por un mayor crecimiento de las personas ocupadas, que aumentaron un 3,7%, cifra superior al alza de la fuerza de trabajo (1,0%). En paralelo, las personas desocupadas disminuyeron en un 25,5% respecto del mismo periodo del año anterior. Las tasas de participación y ocupación alcanzaron 66,3% y 61,9%, respectivamente, mostrando incrementos interanuales. En cuanto a género, la tasa de desocupación femenina se situó en 7,7%, con una baja de 2,1 pp., mientras que en los hombres fue de 5,9%, registrando una disminución de 2,5 pp. Los sectores que más contribuyeron al aumento del empleo fueron enseñanza, transporte y minería, mientras que por categoría ocupacional destacaron los asalariados formales e informales. Además, la tasa de ocupación informal se ubicó en 19,2%, reduciéndose 1,7 pp. en un año, lo que refleja una mejora en la calidad del empleo regional. Pese a estos resultados positivos, la tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial llegó a 14,9%, evidenciando brechas de género que siguen siendo un desafío para el mercado laboral regional.