Después de más de seis décadas de funcionamiento, el histórico Emporio y Fábrica de Empanadas “El Salitre” anunció el cierre definitivo de sus puertas, marcando el fin de uno de los negocios más tradicionales y queridos de la comuna de Antofagasta. Durante 63 años, el local fue un punto de encuentro para generaciones de antofagastinos y visitantes, quienes lo convirtieron en una parada obligada, especialmente los domingos, cuando largas filas se formaban para adquirir sus reconocidas empanadas, preparadas con una receta única que con el tiempo se transformó en un verdadero símbolo gastronómico de la ciudad. Sin embargo, El Salitre no solo era un espacio dedicado a la cocina. Su interior albergaba una valiosa colección de objetos vinculados a la historia del norte de Chile, desde sus primeros años. A ello se sumaban piezas relacionadas con la llegada de familias croatas al norte del país, transformando el lugar en una especie de museo vivo que resguardaba parte de la memoria local. El emporio fue atendido durante décadas por su propio dueño, integrante de una familia de origen croata que mantuvo viva la tradición del local y el vínculo con la comunidad. Con el paso de los años, el establecimiento se consolidó como uno de los pocos negocios de antaño que aún permanecían activos en la ciudad. A través de un comunicado, la familia Matijasevic —integrada por Bernardo, Dinka, Jadranka y Bernardo Jugoslav— informó a su clientela que, tras 63 años de atención, el Emporio y Fábrica de Empanadas “El Salitre” cerrará sus puertas de manera definitiva, agradeciendo el cariño y la preferencia de quienes durante décadas fueron parte de su historia. Con su cierre, Antofagasta pierde uno de sus espacios más emblemáticos y patrimoniales de la ciudad, donde la gastronomía, la tradición y la memoria del norte se encontraron durante más de medio siglo.
La fecha oficial del aniversario de Antofagasta fue instaurada en 1946 por el alcalde Juan de Dios Carmona, en homenaje al desembarco del 14 de febrero de 1879, hecho que dio inicio a la Guerra del Pacífico. Sin embargo, la ciudad fue fundada el 22 de octubre de 1868, con antecedentes de poblamiento que datan de 1866. Su himno oficial, con letra del croata Antonio Rendic y música del italiano Juan Bautista Quagliotto, fue compuesto en 1937, aunque su compleja musicalización ha dificultado su interpretación en actos públicos. El popular “Vals de Antofagasta”, originalmente titulado “Rebeca” y compuesto por Armando Carrera, adoptó su nombre actual por el sonido de campanas que evocan al reloj de la Plaza Colón. Pese a su título, la canción no menciona a la ciudad, sino que relata una historia de amor perdido. Otra pieza emblemática es “Antofagasta, mi ciudad”, creada por el compositor uruguayo Daniel Lencina a pedido de Ladeco. En los años 80 fue ampliamente difundida por Telenorte y, en 2000, la banda local Los Con Dones la reinterpretó en ritmo de ska. Finalmente, existe un “himno olvidado” : en 1966, Santiago Polanco Nuño donó una composición para el centenario de la ciudad, pero no fue adoptada, ya que Antofagasta contaba con el himno de Rendic. Curiosamente, Polanco es también autor de los himnos de Calama, Pozo Almonte, Iquique y Copiapó.
Después de más de seis décadas de funcionamiento, el histórico Emporio y Fábrica de Empanadas “El Salitre” anunció el cierre definitivo de sus puertas, marcando el fin de uno de los negocios más tradicionales y queridos de la comuna de Antofagasta. Durante 63 años, el local fue un punto de encuentro para generaciones de antofagastinos y visitantes, quienes lo convirtieron en una parada obligada, especialmente los domingos, cuando largas filas se formaban para adquirir sus reconocidas empanadas, preparadas con una receta única que con el tiempo se transformó en un verdadero símbolo gastronómico de la ciudad. Sin embargo, El Salitre no solo era un espacio dedicado a la cocina. Su interior albergaba una valiosa colección de objetos vinculados a la historia del norte de Chile, desde sus primeros años. A ello se sumaban piezas relacionadas con la llegada de familias croatas al norte del país, transformando el lugar en una especie de museo vivo que resguardaba parte de la memoria local. El emporio fue atendido durante décadas por su propio dueño, integrante de una familia de origen croata que mantuvo viva la tradición del local y el vínculo con la comunidad. Con el paso de los años, el establecimiento se consolidó como uno de los pocos negocios de antaño que aún permanecían activos en la ciudad. A través de un comunicado, la familia Matijasevic —integrada por Bernardo, Dinka, Jadranka y Bernardo Jugoslav— informó a su clientela que, tras 63 años de atención, el Emporio y Fábrica de Empanadas “El Salitre” cerrará sus puertas de manera definitiva, agradeciendo el cariño y la preferencia de quienes durante décadas fueron parte de su historia. Con su cierre, Antofagasta pierde uno de sus espacios más emblemáticos y patrimoniales de la ciudad, donde la gastronomía, la tradición y la memoria del norte se encontraron durante más de medio siglo.
La fecha oficial del aniversario de Antofagasta fue instaurada en 1946 por el alcalde Juan de Dios Carmona, en homenaje al desembarco del 14 de febrero de 1879, hecho que dio inicio a la Guerra del Pacífico. Sin embargo, la ciudad fue fundada el 22 de octubre de 1868, con antecedentes de poblamiento que datan de 1866. Su himno oficial, con letra del croata Antonio Rendic y música del italiano Juan Bautista Quagliotto, fue compuesto en 1937, aunque su compleja musicalización ha dificultado su interpretación en actos públicos. El popular “Vals de Antofagasta”, originalmente titulado “Rebeca” y compuesto por Armando Carrera, adoptó su nombre actual por el sonido de campanas que evocan al reloj de la Plaza Colón. Pese a su título, la canción no menciona a la ciudad, sino que relata una historia de amor perdido. Otra pieza emblemática es “Antofagasta, mi ciudad”, creada por el compositor uruguayo Daniel Lencina a pedido de Ladeco. En los años 80 fue ampliamente difundida por Telenorte y, en 2000, la banda local Los Con Dones la reinterpretó en ritmo de ska. Finalmente, existe un “himno olvidado” : en 1966, Santiago Polanco Nuño donó una composición para el centenario de la ciudad, pero no fue adoptada, ya que Antofagasta contaba con el himno de Rendic. Curiosamente, Polanco es también autor de los himnos de Calama, Pozo Almonte, Iquique y Copiapó.