El Observatorio Niñez de la Fundación Colunga, en conjunto con Déficit Cero, presentó la agenda “Niñez y Vivienda”, un estudio que analiza las condiciones habitacionales que enfrentan niñas y niños en Chile. Basado en datos como la Encuesta Casen 2022, el informe reveló cifras alarmantes: el 40% de los niños y niñas del país (1.808.439) vive con al menos una carencia habitacional que afecta directamente su salud, desarrollo emocional, aprendizaje y relaciones de cuidado. Dentro de este grupo, el 44% está en etapa de primera infancia, el 40% en infancia media y el 37% son adolescentes. El informe también mostró una brecha preocupante entre población extranjera e infantil nacida en Chile: el 70% de los niños migrantes enfrenta alguna deficiencia habitacional, frente al 39% de los nacionales. Un dato especialmente crítico es que más de 84 mil niños (2%) viven en campamentos, concentrándose mayormente en las regiones de Valparaíso (21.752), Antofagasta (16.101), Tarapacá (10.332), Biobío (7.674) y Arica (3.386). En cuanto a la calidad de las viviendas, el 9% de la infancia habita hogares con materialidad deficiente en muros, techos o suelos. Un 3% vive en casas con un solo componente recuperable, un 6% con dos, y cerca de 11.000 niños en viviendas irrecuperables. Respecto a acceso a cama propia, el 26% de niños en nivel parvulario no tiene una cama exclusiva; en primero medio la cifra baja al 6%. El informe también aborda la disponibilidad de espacio para estudiar, jugar o guardar pertenencias. Un 8% de los niños nunca tiene estos espacios y un 20% los habilita de forma ocasional. En el ámbito de los servicios básicos, un 2% vive en hogares con origen o distribución de agua deficitario y un 3% con sistemas de eliminación de excretas inadecuados. Las regiones con mayores carencias son Tarapacá y Los Lagos, donde un 13% de los niños está afectado por problemas de acceso a servicios básicos. Respecto a la asequibilidad habitacional, el 24% de los niños vive en hogares donde más del 30% de los ingresos se destina a pagar arriendo o dividendo, quedando bajo la línea de la pobreza. Esta cifra ha aumentado desde el 19% registrado en 2017, evidenciando un deterioro en el acceso a viviendas dignas. Ante este panorama, el informe propone cuatro ejes de política pública: Establecer un sistema de acceso a la vivienda más flexible y adaptado a las realidades familiares. Crear programas de arriendo público asequible para familias migrantes o jóvenes con hijos. Impulsar mejoras habitacionales con enfoque en la niñez. Reforzar el monitoreo y uso de datos para guiar la acción pública. Trinidad Vidal, directora de Incidencia y Políticas Públicas de Déficit Cero, enfatizó que se requiere un enfoque sensible a la diversidad familiar y a los efectos del hacinamiento en la salud mental infantil. “Los programas del Estado deben tener en cuenta los riesgos al interior de los hogares para niños y niñas”, señaló, añadiendo que se deben generar soluciones comunitarias para crear espacios de estudio y cuidado dentro de las viviendas o barrios. Finalmente, Vidal subrayó que el entorno inseguro, la precariedad habitacional y la dificultad de los padres para acceder a una vivienda también inciden negativamente en la salud mental y el desarrollo integral de la niñez chilena.
El Observatorio Niñez de la Fundación Colunga, en conjunto con Déficit Cero, presentó la agenda “Niñez y Vivienda”, un estudio que analiza las condiciones habitacionales que enfrentan niñas y niños en Chile. Basado en datos como la Encuesta Casen 2022, el informe reveló cifras alarmantes: el 40% de los niños y niñas del país (1.808.439) vive con al menos una carencia habitacional que afecta directamente su salud, desarrollo emocional, aprendizaje y relaciones de cuidado. Dentro de este grupo, el 44% está en etapa de primera infancia, el 40% en infancia media y el 37% son adolescentes. El informe también mostró una brecha preocupante entre población extranjera e infantil nacida en Chile: el 70% de los niños migrantes enfrenta alguna deficiencia habitacional, frente al 39% de los nacionales. Un dato especialmente crítico es que más de 84 mil niños (2%) viven en campamentos, concentrándose mayormente en las regiones de Valparaíso (21.752), Antofagasta (16.101), Tarapacá (10.332), Biobío (7.674) y Arica (3.386). En cuanto a la calidad de las viviendas, el 9% de la infancia habita hogares con materialidad deficiente en muros, techos o suelos. Un 3% vive en casas con un solo componente recuperable, un 6% con dos, y cerca de 11.000 niños en viviendas irrecuperables. Respecto a acceso a cama propia, el 26% de niños en nivel parvulario no tiene una cama exclusiva; en primero medio la cifra baja al 6%. El informe también aborda la disponibilidad de espacio para estudiar, jugar o guardar pertenencias. Un 8% de los niños nunca tiene estos espacios y un 20% los habilita de forma ocasional. En el ámbito de los servicios básicos, un 2% vive en hogares con origen o distribución de agua deficitario y un 3% con sistemas de eliminación de excretas inadecuados. Las regiones con mayores carencias son Tarapacá y Los Lagos, donde un 13% de los niños está afectado por problemas de acceso a servicios básicos. Respecto a la asequibilidad habitacional, el 24% de los niños vive en hogares donde más del 30% de los ingresos se destina a pagar arriendo o dividendo, quedando bajo la línea de la pobreza. Esta cifra ha aumentado desde el 19% registrado en 2017, evidenciando un deterioro en el acceso a viviendas dignas. Ante este panorama, el informe propone cuatro ejes de política pública: Establecer un sistema de acceso a la vivienda más flexible y adaptado a las realidades familiares. Crear programas de arriendo público asequible para familias migrantes o jóvenes con hijos. Impulsar mejoras habitacionales con enfoque en la niñez. Reforzar el monitoreo y uso de datos para guiar la acción pública. Trinidad Vidal, directora de Incidencia y Políticas Públicas de Déficit Cero, enfatizó que se requiere un enfoque sensible a la diversidad familiar y a los efectos del hacinamiento en la salud mental infantil. “Los programas del Estado deben tener en cuenta los riesgos al interior de los hogares para niños y niñas”, señaló, añadiendo que se deben generar soluciones comunitarias para crear espacios de estudio y cuidado dentro de las viviendas o barrios. Finalmente, Vidal subrayó que el entorno inseguro, la precariedad habitacional y la dificultad de los padres para acceder a una vivienda también inciden negativamente en la salud mental y el desarrollo integral de la niñez chilena.