Una preocupante realidad ambiental quedó al descubierto en Calama, Región de Antofagasta. Una investigación científica reveló que el polvo acumulado al interior de las salas de clases contiene elevadas concentraciones de metales potencialmente tóxicos, asociados a la actividad minera, lo que plantea nuevos desafíos para la protección de la salud escolar. El estudio, denominado “ The extractive classroom: indoor school environments as reservoirs of mining legacy ”, fue publicado en la revista científica Environment International y contempló el análisis de muestras de polvo en 38 establecimientos educacionales de la capital de la provincia de El Loa. Los resultados evidenciaron concentraciones de arsénico, cobre, plomo y molibdeno significativamente superiores a los valores naturales de referencia del desierto de Atacama. En particular, el arsénico y el molibdeno alcanzaron niveles cercanos a diez veces los parámetros de referencia, mientras que el cobre y el plomo registraron concentraciones entre cinco y seis veces superiores. Los análisis mineralógicos e isotópicos permitieron asociar estas partículas con residuos oxidados provenientes de la actividad minera, descartando al tránsito vehicular como su principal origen. Uno de los aspectos más preocupantes es que las concentraciones detectadas dentro de las aulas fueron similares a las registradas en espacios exteriores, demostrando que los establecimientos no están completamente protegidos frente al ingreso del polvo ambiental. La académica de la Universidad Católica, Estela Blanco, coautora de la investigación, advirtió sobre los posibles efectos del plomo y el arsénico en el desarrollo neurológico y cognitivo de niños y niñas. Asimismo, experimentos realizados con embriones de pez cebra evidenciaron un aumento de la frecuencia cardíaca tras la exposición a estos residuos. Sin embargo, los investigadores aclararon que se trata de resultados preliminares que no permiten establecer efectos cardiovasculares en estudiantes. Otro hallazgo relevante es el vacío normativo existente en Chile , donde actualmente no se establecen límites específicos ni exigencias de monitoreo de metales pesados en el polvo de ambientes interiores. Frente a este escenario, los especialistas proponen mejorar los sistemas de sellado de puertas y ventanas, implementar protocolos de limpieza y evaluar mecanismos de ventilación con filtración de partículas. Finalmente, la investigación plantea incorporar sistemáticamente a los establecimientos educacionales de zonas mineras en los programas de vigilancia ambiental, con el objetivo de proteger a las comunidades escolares y avanzar hacia una actividad extractiva más sostenible.
Una preocupante realidad ambiental quedó al descubierto en Calama, Región de Antofagasta. Una investigación científica reveló que el polvo acumulado al interior de las salas de clases contiene elevadas concentraciones de metales potencialmente tóxicos, asociados a la actividad minera, lo que plantea nuevos desafíos para la protección de la salud escolar. El estudio, denominado “ The extractive classroom: indoor school environments as reservoirs of mining legacy ”, fue publicado en la revista científica Environment International y contempló el análisis de muestras de polvo en 38 establecimientos educacionales de la capital de la provincia de El Loa. Los resultados evidenciaron concentraciones de arsénico, cobre, plomo y molibdeno significativamente superiores a los valores naturales de referencia del desierto de Atacama. En particular, el arsénico y el molibdeno alcanzaron niveles cercanos a diez veces los parámetros de referencia, mientras que el cobre y el plomo registraron concentraciones entre cinco y seis veces superiores. Los análisis mineralógicos e isotópicos permitieron asociar estas partículas con residuos oxidados provenientes de la actividad minera, descartando al tránsito vehicular como su principal origen. Uno de los aspectos más preocupantes es que las concentraciones detectadas dentro de las aulas fueron similares a las registradas en espacios exteriores, demostrando que los establecimientos no están completamente protegidos frente al ingreso del polvo ambiental. La académica de la Universidad Católica, Estela Blanco, coautora de la investigación, advirtió sobre los posibles efectos del plomo y el arsénico en el desarrollo neurológico y cognitivo de niños y niñas. Asimismo, experimentos realizados con embriones de pez cebra evidenciaron un aumento de la frecuencia cardíaca tras la exposición a estos residuos. Sin embargo, los investigadores aclararon que se trata de resultados preliminares que no permiten establecer efectos cardiovasculares en estudiantes. Otro hallazgo relevante es el vacío normativo existente en Chile , donde actualmente no se establecen límites específicos ni exigencias de monitoreo de metales pesados en el polvo de ambientes interiores. Frente a este escenario, los especialistas proponen mejorar los sistemas de sellado de puertas y ventanas, implementar protocolos de limpieza y evaluar mecanismos de ventilación con filtración de partículas. Finalmente, la investigación plantea incorporar sistemáticamente a los establecimientos educacionales de zonas mineras en los programas de vigilancia ambiental, con el objetivo de proteger a las comunidades escolares y avanzar hacia una actividad extractiva más sostenible.