Académicos de la UCN y la Universidad de Antofagasta alertan sobre la necesidad de reforzar la prevención frente a posibles lluvias intensas, aluviones y marejadas en la región. La posibilidad de que durante los próximos meses se desarrolle un nuevo Fenómeno del Niño mantiene en alerta a especialistas de la Región de Antofagasta, quienes advierten que, aunque aún existen incertidumbres respecto de su intensidad, el escenario obliga a fortalecer las medidas de prevención y preparación ante eventuales emergencias. La doctora (c) Francisca Roldán, geóloga e investigadora de la Universidad Católica del Norte, explicó que los modelos climáticos internacionales estiman entre un 60% y un 80% de probabilidades de desarrollo del fenómeno durante el segundo semestre. A su juicio, este escenario debe ser considerado con seriedad debido a la estrecha relación histórica entre los eventos de lluvias intensas registrados en Antofagasta y la presencia del Fenómeno del Niño. La especialista recordó que el aluvión de junio de 1991, que dejó 91 personas fallecidas y 19 desaparecidas, se produjo en un contexto compatible con este tipo de eventos climáticos. “Es mejor prevenir que lamentar”, sostuvo, enfatizando la necesidad de fortalecer los planes de evacuación, la educación comunitaria y la preparación institucional. Roldán advirtió además que la realidad urbana actual presenta condiciones incluso más complejas que hace tres décadas. Según indicó, la ciudad cuenta con 96 quebradas con potencial de activación ante precipitaciones intensas y enfrenta una creciente expansión de asentamientos informales en zonas de riesgo. La investigadora alertó que más de 10 mil familias viven actualmente en campamentos ubicados en sectores vulnerables a remociones en masa, deslizamientos y aluviones. Una preocupación similar manifestó Jorge Van Den Bosch, director del Centro de Ingeniería y Mitigación de Catástrofes Naturales de la Universidad de Antofagasta. El académico explicó que el Fenómeno del Niño corresponde a un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico, situación que altera los patrones meteorológicos habituales y puede generar lluvias intensas, marejadas y otros eventos extremos en la costa norte del país. El especialista señaló que, aunque actualmente las condiciones climáticas se mantienen en una fase neutral, los modelos internacionales proyectan una probabilidad cercana al 65% de evolución hacia un evento Niño durante los próximos meses. A su juicio, este escenario obliga a preparar a las comunidades y a las autoridades para enfrentar posibles contingencias. Van Den Bosch también puso énfasis en la situación de numerosos campamentos emplazados en laderas intervenidas y terrenos con escasa estabilidad geotécnica. Explicó que muchos de estos sectores presentan pendientes modificadas artificialmente y carecen de infraestructura adecuada, lo que incrementa significativamente el riesgo frente a precipitaciones intensas. Ambos especialistas coincidieron en que la prevención debe transformarse en una prioridad permanente y no limitarse a acciones reactivas ante una amenaza inminente. En esa línea, valoraron la limpieza de piscinas aluvionales y obras de mitigación que se están desarrollando en la ciudad, aunque recalcaron que estas medidas deben complementarse con educación, planificación territorial, estudios especializados y una mayor coordinación entre la academia, los organismos de emergencia y las autoridades regionales. Los académicos enfatizaron que Antofagasta posee características geográficas únicas que la hacen particularmente vulnerable frente a fenómenos hidrometeorológicos extremos. Por ello, insistieron en que aún existe tiempo para actuar, pero advirtieron que cada día que pasa reduce el margen disponible para implementar medidas preventivas efectivas antes de la eventual llegada del Fenómeno del Niño.
Una tragedia afectó al sector norte de Antofagasta luego que un voraz incendio consumiera parte de un campamento emplazado en las cercanías de calle Santa Rosa de Huara con Juvenal Morla, dejando como saldo un menor de edad fallecido, nueve viviendas destruidas y 49 personas damnificadas. La emergencia se registró durante la jornada y obligó a un amplio despliegue de recursos por parte del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, luego que las llamas se propagaran rápidamente entre las precarias estructuras del asentamiento. De acuerdo con el balance entregado por los organismos de emergencia, el fuego destruyó completamente nueve viviendas, mientras que otras cuatro resultaron afectadas por daños derivados de las labores de extinción. En total, 30 adultos y 19 menores de edad debieron abandonar sus hogares, quedando damnificados a consecuencia del siniestro. La Central de Alarmas de Bomberos despachó inicialmente a las unidades B-7, BT-7, BR-8, B-10 y Q-2 tras recibir el llamado por fuego en un campamento. Sin embargo, debido a la magnitud de la emergencia, fue necesario reforzar el operativo con más recursos y personal especializado. En el lugar trabajaron ocho compañías del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta bajo el mando del primer comandante Alfonso Olivera, movilizando a un total de 102 voluntarios que combatieron intensamente las llamas para evitar que el incendio se extendiera a sectores colindantes. La situación más dramática se confirmó una vez controlada la emergencia, cuando se informó el fallecimiento de un menor de edad. Las circunstancias de su muerte y el origen del incendio deberán ser determinadas por las investigaciones que desarrollarán los organismos competentes. Mientras continúan las pericias para establecer las causas del siniestro, equipos de emergencia y organismos públicos coordinan acciones para apoyar a las familias afectadas por una de las emergencias más graves registradas en los últimos meses en el sector norte de Antofagasta.
Académicos de la UCN y la Universidad de Antofagasta alertan sobre la necesidad de reforzar la prevención frente a posibles lluvias intensas, aluviones y marejadas en la región. La posibilidad de que durante los próximos meses se desarrolle un nuevo Fenómeno del Niño mantiene en alerta a especialistas de la Región de Antofagasta, quienes advierten que, aunque aún existen incertidumbres respecto de su intensidad, el escenario obliga a fortalecer las medidas de prevención y preparación ante eventuales emergencias. La doctora (c) Francisca Roldán, geóloga e investigadora de la Universidad Católica del Norte, explicó que los modelos climáticos internacionales estiman entre un 60% y un 80% de probabilidades de desarrollo del fenómeno durante el segundo semestre. A su juicio, este escenario debe ser considerado con seriedad debido a la estrecha relación histórica entre los eventos de lluvias intensas registrados en Antofagasta y la presencia del Fenómeno del Niño. La especialista recordó que el aluvión de junio de 1991, que dejó 91 personas fallecidas y 19 desaparecidas, se produjo en un contexto compatible con este tipo de eventos climáticos. “Es mejor prevenir que lamentar”, sostuvo, enfatizando la necesidad de fortalecer los planes de evacuación, la educación comunitaria y la preparación institucional. Roldán advirtió además que la realidad urbana actual presenta condiciones incluso más complejas que hace tres décadas. Según indicó, la ciudad cuenta con 96 quebradas con potencial de activación ante precipitaciones intensas y enfrenta una creciente expansión de asentamientos informales en zonas de riesgo. La investigadora alertó que más de 10 mil familias viven actualmente en campamentos ubicados en sectores vulnerables a remociones en masa, deslizamientos y aluviones. Una preocupación similar manifestó Jorge Van Den Bosch, director del Centro de Ingeniería y Mitigación de Catástrofes Naturales de la Universidad de Antofagasta. El académico explicó que el Fenómeno del Niño corresponde a un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico, situación que altera los patrones meteorológicos habituales y puede generar lluvias intensas, marejadas y otros eventos extremos en la costa norte del país. El especialista señaló que, aunque actualmente las condiciones climáticas se mantienen en una fase neutral, los modelos internacionales proyectan una probabilidad cercana al 65% de evolución hacia un evento Niño durante los próximos meses. A su juicio, este escenario obliga a preparar a las comunidades y a las autoridades para enfrentar posibles contingencias. Van Den Bosch también puso énfasis en la situación de numerosos campamentos emplazados en laderas intervenidas y terrenos con escasa estabilidad geotécnica. Explicó que muchos de estos sectores presentan pendientes modificadas artificialmente y carecen de infraestructura adecuada, lo que incrementa significativamente el riesgo frente a precipitaciones intensas. Ambos especialistas coincidieron en que la prevención debe transformarse en una prioridad permanente y no limitarse a acciones reactivas ante una amenaza inminente. En esa línea, valoraron la limpieza de piscinas aluvionales y obras de mitigación que se están desarrollando en la ciudad, aunque recalcaron que estas medidas deben complementarse con educación, planificación territorial, estudios especializados y una mayor coordinación entre la academia, los organismos de emergencia y las autoridades regionales. Los académicos enfatizaron que Antofagasta posee características geográficas únicas que la hacen particularmente vulnerable frente a fenómenos hidrometeorológicos extremos. Por ello, insistieron en que aún existe tiempo para actuar, pero advirtieron que cada día que pasa reduce el margen disponible para implementar medidas preventivas efectivas antes de la eventual llegada del Fenómeno del Niño.
Una tragedia afectó al sector norte de Antofagasta luego que un voraz incendio consumiera parte de un campamento emplazado en las cercanías de calle Santa Rosa de Huara con Juvenal Morla, dejando como saldo un menor de edad fallecido, nueve viviendas destruidas y 49 personas damnificadas. La emergencia se registró durante la jornada y obligó a un amplio despliegue de recursos por parte del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta, luego que las llamas se propagaran rápidamente entre las precarias estructuras del asentamiento. De acuerdo con el balance entregado por los organismos de emergencia, el fuego destruyó completamente nueve viviendas, mientras que otras cuatro resultaron afectadas por daños derivados de las labores de extinción. En total, 30 adultos y 19 menores de edad debieron abandonar sus hogares, quedando damnificados a consecuencia del siniestro. La Central de Alarmas de Bomberos despachó inicialmente a las unidades B-7, BT-7, BR-8, B-10 y Q-2 tras recibir el llamado por fuego en un campamento. Sin embargo, debido a la magnitud de la emergencia, fue necesario reforzar el operativo con más recursos y personal especializado. En el lugar trabajaron ocho compañías del Cuerpo de Bomberos de Antofagasta bajo el mando del primer comandante Alfonso Olivera, movilizando a un total de 102 voluntarios que combatieron intensamente las llamas para evitar que el incendio se extendiera a sectores colindantes. La situación más dramática se confirmó una vez controlada la emergencia, cuando se informó el fallecimiento de un menor de edad. Las circunstancias de su muerte y el origen del incendio deberán ser determinadas por las investigaciones que desarrollarán los organismos competentes. Mientras continúan las pericias para establecer las causas del siniestro, equipos de emergencia y organismos públicos coordinan acciones para apoyar a las familias afectadas por una de las emergencias más graves registradas en los últimos meses en el sector norte de Antofagasta.