La costa de la Región de Antofagasta se ha posicionado como una de las zonas más relevantes del norte de Chile para la presencia de ballenas y cetáceos, transformándose en un espacio estratégico para su alimentación y tránsito migratorio. Así lo afirmó la ecóloga marina e investigadora de la Universidad de Antofagasta (UA), Maritza Malebrán Jiménez, directora de la Asociación Medioambiental Desierto Azul. Según explicó la especialista, durante gran parte del año es posible observar una alta diversidad de cetáceos en aguas regionales. Destaca la presencia permanente de la ballena fin, además de registros frecuentes de ballena jorobada y avistamientos ocasionales de ballena azul y ballena franca austral. A ello se suman especies como delfines oscuros, nariz de botella, marsopas espinosas, orcas y calderones, entre otros. Malebrán indicó que los mayores registros se concentran en invierno y luego a fines de primavera e inicios del verano, coincidiendo con periodos migratorios y condiciones óptimas para la alimentación. Sectores como la Bahía de San Jorge y la Península de Mejillones destacan por su alta productividad marina, asociada a la surgencia de la corriente de Humboldt, fenómeno que incrementa la disponibilidad de nutrientes y alimento para estas especies. La investigadora recalcó que Antofagasta cumple un rol clave como zona de alimentación dentro del corredor migratorio del Pacífico Sudoriental, permitiendo que las ballenas recuperen energía antes de continuar sus desplazamientos. En este contexto, hizo un llamado a pescadores y navegantes a mantener una conducta responsable, respetando la distancia mínima de 100 metros, reduciendo la velocidad y evitando maniobras bruscas ante la presencia de cetáceos. Asimismo, enfatizó la importancia de prevenir enmallamientos, mantener redes en buen estado y reportar artes de pesca perdidos. Finalmente, alertó sobre el impacto del ruido submarino y la contaminación por basura marina, factores que afectan gravemente la comunicación, orientación y supervivencia de estas especies. “La presencia de ballenas en nuestras costas es un privilegio, pero también una responsabilidad colectiva para proteger el ecosistema marino”, concluyó la investigadora.
La costa de Antofagasta continúa posicionándose como uno de los mejores lugares del norte de Chile para el avistamiento de cetáceos, especialmente durante la temporada alta que se extiende entre octubre y noviembre. La abundancia de alimento en la bahía atrae cada año a diversas especies de ballenas y delfines, convirtiendo a la región en un punto privilegiado para la observación de fauna marina. Entre las especies más comunes destacan la ballena fin ( Balaenoptera physalus), una de las más frecuentes y objeto de estudios de fotoidentificación; la ballena jorobada ( Megaptera novaeangliae); la ballena sei ( Balaenoptera borealis); así como orcas que ocasionalmente se dejan ver en la bahía de San Jorge. A estos avistamientos se suman delfines comunes y nariz de botella, que suelen desplazarse en grandes grupos, y registros esporádicos de cachalotes en aguas más profundas. Aunque los avistamientos pueden ocurrir durante todo el año, es en primavera cuando se registra el mayor flujo de ejemplares, coincidiendo con rutas migratorias y condiciones oceánicas favorables. Este fenómeno ha impulsado la oferta turística local, donde operadores como Ocean Adventure Chile realizan salidas especializadas con foco en la observación responsable. Las autoridades, particularmente Sernapesca, reforzaron el llamado a mantener buenas prácticas durante estos recorridos. Entre las recomendaciones se incluyen respetar las distancias establecidas, evitar maniobras bruscas y reducir el ruido para no alterar el comportamiento natural de los animales. El cumplimiento de la normativa es clave para proteger a las especies y permitir que la experiencia turística se desarrolle de manera segura y sostenible. Con cada temporada, Antofagasta reafirma su potencial como un destino de ecoturismo marino, ofreciendo un espectáculo natural que conecta a residentes y visitantes con la riqueza de su ecosistema costero.
La costa de la Región de Antofagasta se ha posicionado como una de las zonas más relevantes del norte de Chile para la presencia de ballenas y cetáceos, transformándose en un espacio estratégico para su alimentación y tránsito migratorio. Así lo afirmó la ecóloga marina e investigadora de la Universidad de Antofagasta (UA), Maritza Malebrán Jiménez, directora de la Asociación Medioambiental Desierto Azul. Según explicó la especialista, durante gran parte del año es posible observar una alta diversidad de cetáceos en aguas regionales. Destaca la presencia permanente de la ballena fin, además de registros frecuentes de ballena jorobada y avistamientos ocasionales de ballena azul y ballena franca austral. A ello se suman especies como delfines oscuros, nariz de botella, marsopas espinosas, orcas y calderones, entre otros. Malebrán indicó que los mayores registros se concentran en invierno y luego a fines de primavera e inicios del verano, coincidiendo con periodos migratorios y condiciones óptimas para la alimentación. Sectores como la Bahía de San Jorge y la Península de Mejillones destacan por su alta productividad marina, asociada a la surgencia de la corriente de Humboldt, fenómeno que incrementa la disponibilidad de nutrientes y alimento para estas especies. La investigadora recalcó que Antofagasta cumple un rol clave como zona de alimentación dentro del corredor migratorio del Pacífico Sudoriental, permitiendo que las ballenas recuperen energía antes de continuar sus desplazamientos. En este contexto, hizo un llamado a pescadores y navegantes a mantener una conducta responsable, respetando la distancia mínima de 100 metros, reduciendo la velocidad y evitando maniobras bruscas ante la presencia de cetáceos. Asimismo, enfatizó la importancia de prevenir enmallamientos, mantener redes en buen estado y reportar artes de pesca perdidos. Finalmente, alertó sobre el impacto del ruido submarino y la contaminación por basura marina, factores que afectan gravemente la comunicación, orientación y supervivencia de estas especies. “La presencia de ballenas en nuestras costas es un privilegio, pero también una responsabilidad colectiva para proteger el ecosistema marino”, concluyó la investigadora.
La costa de Antofagasta continúa posicionándose como uno de los mejores lugares del norte de Chile para el avistamiento de cetáceos, especialmente durante la temporada alta que se extiende entre octubre y noviembre. La abundancia de alimento en la bahía atrae cada año a diversas especies de ballenas y delfines, convirtiendo a la región en un punto privilegiado para la observación de fauna marina. Entre las especies más comunes destacan la ballena fin ( Balaenoptera physalus), una de las más frecuentes y objeto de estudios de fotoidentificación; la ballena jorobada ( Megaptera novaeangliae); la ballena sei ( Balaenoptera borealis); así como orcas que ocasionalmente se dejan ver en la bahía de San Jorge. A estos avistamientos se suman delfines comunes y nariz de botella, que suelen desplazarse en grandes grupos, y registros esporádicos de cachalotes en aguas más profundas. Aunque los avistamientos pueden ocurrir durante todo el año, es en primavera cuando se registra el mayor flujo de ejemplares, coincidiendo con rutas migratorias y condiciones oceánicas favorables. Este fenómeno ha impulsado la oferta turística local, donde operadores como Ocean Adventure Chile realizan salidas especializadas con foco en la observación responsable. Las autoridades, particularmente Sernapesca, reforzaron el llamado a mantener buenas prácticas durante estos recorridos. Entre las recomendaciones se incluyen respetar las distancias establecidas, evitar maniobras bruscas y reducir el ruido para no alterar el comportamiento natural de los animales. El cumplimiento de la normativa es clave para proteger a las especies y permitir que la experiencia turística se desarrolle de manera segura y sostenible. Con cada temporada, Antofagasta reafirma su potencial como un destino de ecoturismo marino, ofreciendo un espectáculo natural que conecta a residentes y visitantes con la riqueza de su ecosistema costero.